Ser naturaleza en invierno
Soy de los seres que no disfruta el invierno. El frío, la lluvia intensa y la falta de sol han sido siempre un tremendo desafío anímico. Parte de mi reconciliación con esta estación partió al observar mis plantas. Me convencí de que, mientras más me sincronizara con los ritmos del planeta, de la tierra y la naturaleza, sería también mi manera de sobrevivir. Entonces pensé: ¿cómo es que sobrevive una planta en invierno? Sin la luz ni la temperatura necesarias, disminuyen drásticamente sus movimientos, se quedan con lo preciso, con lo justo y necesario que les permite llegar al punto de equilibrio de mínimo gasto para mantenerse con vida. Se sostienen con lo que año tras año han aprendido que necesitan, porque sí, las plantas guardan memoria del entorno que habitan y se nutren de cada experiencia que les toca atravesar.
Durante el otoño, eliminan las hojas que no podrán sostener durante el invierno, y así fue como eliminé pensamientos, emociones y acciones que no me permitirían mantenerme y que solo significarían un gasto extra para mi paz. Al igual que mis plantas, me quedé con lo esencial; me concentré en mi raíz y en lo que me ayudaría a sobrellevar esta época desafiante.
El invierno es la prueba de fe que nos pone la tierra. Todos los seres que habitamos en ella tenemos el poder de sostenerla. Para mí, sostener incomodidad, quietud y oscuridad es mi tarea; debo mantenerme sin quebrar ni destruir los cimientos que he logrado reparar, eso que alguna vez perdí y olvidé que podía tener conmigo: confianza, seguridad y, sobre todo, amor.
En este ciclo eterno que es vivir, el invierno volverá, pero cada vez tendré más experiencias para poder atravesarlo sin dañarme, sin odiar ni sufrir. El invierno es la prueba de fe, pero diariamente nos regala la ilusión de la primavera, ofreciéndonos esos microsegundos de luz casi imperceptibles en nuestras rutinas.
Este invierno, ¿cuál es tu raíz? ¿Qué te sostiene para seguir de pie a pesar del frío y la falta de luz?