Seguramente llegaste hasta aquí porque viste en mis historias el Manto de Eva de mi hermano: una planta con tres hojas grandes, una nueva hoja en camino y dos hijuelos asomándose desde el macetero. Al verla, fue inevitable pensar en la mía, que apenas resiste con una sola hoja, y preguntarme: ¿Dónde está la diferencia?. Y lo que olvidamos muchas veces es que; cada planta vive en un entorno diferente. Aunque tengamos la misma especie y cuidados similares, las condiciones ambientales de cada casa pueden cambiar completamente su desarrollo.
Antes de entender cómo mi hermano logró llevar al éxito su Manto de Eva, primero debemos conocer qué necesita esta planta en su ambiente natural: El Manto de Eva proviene de regiones tropicales y se desarrolla naturalmente en bosques con ambientes húmedos y cálidos (Rango ideal entre 18 - 30 grados). Por la estructura de sus hojas y su forma de crecimiento, está adaptada a recibir luz abundante pero filtrada, similar a la que encontraría en los bordes del bosque o en claros donde la vegetación superior permite el paso de luminosidad sin una exposición directa intensa.
La clave del espacio de mi hermano, su living con exposición norte (Ósea sol directo, en verano) en su departamento del piso 5 y que sumado a la aislación de los materiales de construcción hace que tenga temperaturas constantes además de no estar expuesta a ventilación directa. A diferencia de mi planta que la tengo ubicada en una galería con iluminación media, frente a una puerta con alto flujo y con piso de cerámica, material frio que transfiere esa temperatura a las raíces de la planta entregando la señal para que entre en dormacia, ósea detenga su crecimiento y reserve energías, esto hace que elimine las hojas que le costara mantener bajo esas condiciones de temperatura